Imperialistas y galácticos frente al espejo
Cuando en la ‘Madre Patria’ las cifras del paro son escandalosas y el Gobierno se devanea los sesos para encontrar salidas a los números negativos de la economía, el pasatiempo favorito de los españoles, el fútbol, pasa de la crisis pues la otrora llamada Liga de las Estrellas –que desde el año pasado cuenta con el patrocinio del grupo financiero BBVA-, además de conseguir éxitos deportivos en Europa, se contonea ante el resto de los clubes del viejo continente exhibiendo las nuevas joyas de la corona, en forma de fichajes estratosféricos de jugadores de clase mundial que van a España a mostrar su clase luego de ser fichas de cambio en unas operaciones multimillonarias y no aptas para la época que se vive.
Hasta en el diario del Vaticano se criticó la alta suma de euros que están invirtiendo los clubes de élite españoles para agregar a grandes jugadores a sus plantillas, más específicamente con el Real Madrid, club que desembolsó la bicoca, primero, de 67 millones de euros por Kaká y unos 94 millones de la moneda comunitaria por Cristiano Ronaldo -94,8 y 130 millones de dólares al cambio respectivo-. Todo tras la llegada del todopoderoso empresario inmobiliario al Madrid, Florentino Pérez, quien se hizo fácilmente de la presidencia del club luego de tres temporadas que aunque trajo 2 títulos de liga, fue sobrada en un fútbol rácano y con una afición que pañoleaba al equipo aún cuando este ganaba.
Ambos fichajes, el del brasileño procedente del Milán y el portugués del Manchester United, causaron escozor en la opinión pública deportiva, levantando una polémica por las acciones rompe-mercado de Pérez, quien por sus excelentes relaciones con los bancos europeos tras sus éxitos en los negocios inmobiliarios, consiguió el dinero con préstamos de entidades bancarias para luego, como ya se conoció en la primera etapa como presidente del club blanco en la que contrató a estrellas mundiales como Zidane, Ronaldo o Beckham, lograr pagar esos préstamos con la dudosa por simple venta de camisetas.
El movimiento del Madrid se justifica en el éxito que tuvo su acérrimo rival el F.C. Barcelona, equipo de tradición separatista catalana, que, vale decirlo, está muy por detrás del club de la capital en cuanto a títulos obtenidos, pero que nada más el año pasado consiguió una gesta que ningún otro club en España había podido conseguir y que se tradujo en la consecución del triplete, ganando las 3 competiciones en las que participó -2 domésticas: liga y copa; y la Champions League, el campeonato más importante y de mayor nivel de clubes en el mundo.
Lo del Barça no se veía venir pues luego de haber conquistado la Champions League en 2006 de la mano de estrellas como Ronaldinho, Deco y Eto’o, vivió una decaída impresionante que no les dejó ganar nada hasta este año, cuando la renovación era necesaria y el nuevo y joven técnico, Pep Guardiola –ícono del fútbol catalán-, decidió prescindir del 10 brasileño y del perro de presa portugués, quedándose a regañadientes con el delantero camerunés e implementando una filosofía en la que se le daba prioridad a los jugadores de la cantera blaugrana, la mejor y más rentable de Europa al lado de la del Ajax de Amsterdam.
Los toques que le dio Guardiola al equipo fueron mínimos e incluso uno no funcionó –caso Alexander Hleb-, pero las decisiones técnicas y la subida de jugadores del filial al primer equipo hicieron ganar en confianza a un grupo con una filosofía de juego propia de La Masía, la casa de donde salen los cracks del Barça.
Barcelona se llenó de júbilo tras una temporada de ensueño, ganar las tres competiciones y endosar un humillante 2-6 al Madrid en el Santiago Bernabeu, dieron a este equipo la etiqueta de perfección, y todo con una plantilla que no alcanzaba los 40 millones de euros gracias a que su columna vertebral, léase Messi, Xavi, Iniesta, Puyol y Valdés, más 5 suplentes de alto calibre, fueron ‘criados’ en La Masía.
El éxito financiero también trajo tranquilidad al conjunto hoy campeón de Europa, aún teniendo que pagar 39 millones de euros sólo en primas a los jugadores y el cuerpo técnico en cuyos contratos se arreglaban clausulas con especiales bonos extras si ganaban estos campeonatos.
Sin embargo, poco disfrutó el mundo deportivo de las hazañas de este Barcelona cuando Florentino Pérez irrumpía en el mercado y ponía sobre la mesa una oferta irrechazable por Cristiano Ronaldo al Manchester United, lo mismo por Kaká ante el Milán propiedad del polémico presidente de Italia, Silvio Berlusconi.
Karím Benzemá, ariete francés con gran proyección, y que era pretendido por el conjunto catalán, también recaló en Madrid, lo mismo que lo seguirán haciendo otros jugadores, presentándosele al conjunto blanco el único problema de cómo salir de tantos jugadores para adaptar la plantilla a lo que quiere el técnico y así tratar de hacer caja para paliar gastos.
Por su parte en can Barça comenzaba la misma telenovela del verano y que siempre la protagonizaba el mismo actor, el súper delantero Samuel Eto’o. Luego de varios cruces de declaraciones del único delantero del club que anotó en las 2 de las 3 Copas de Europa conseguidas por el equipo, su agente y otros externos que azuzaban este calurosísimo fuego, se dio un negocio que volvió a poner cabeza al piso al mundo futbolístico, con el traspaso del camerunés al Inter de Milan, propiedad del magnate petrolero Massimo Moratti, más la cesión por un año del mediocampista bielorruso Alexander Hleb más 46 millones de euros por el crack sueco Zlatan Ibrahimovic, jugador que, al igual que Eto’o ya no se encontraba a gusto en su equipo.
El traspaso supone una jugada igual o hasta peor, depende de los ojos de quien lo mire, que las ya realizadas por el Madrid este año y que fueron criticadas tan duramente por el mandamás catalán Joan Laporta, tildándolas de “imperiales, arrogantes e innecesarias para el momento económico”, pero al rato era Laporta quien habría dicho que no quería depender de Eto’o para el traspaso y pretendía pagar 75 millones de euros por el sueco.
El fichaje más caro que había realizado el club catalán había sido el del lateral Dani Alves la temporada pasada por casi 35 millones de euros pagados al Sevilla, pero lo de Ibrahimovic funda una nueva historia y hace añicos un mercado que ya había dejado fracturado Florentino Pérez con su parte 2 de los galácticos madridistas.
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