Archivo de Junio de 2010

El actor no es el fin

Lunes, 14 de Junio de 2010

Por Daniel González

daniel.f.gonzalez@gmail.com

 

He podido comprobar con el pasar del tiempo, que el actor cree fehacientemente, y con la convicción de un niño de diez años, que él es un fin. Que desde que el escritor pare la idea original de la novela, está destinada y preconcebida para él, como esa niña que nos gustaba en el colegio y uno decía “ella es novia mía, lo que pasa es que todavía no lo sabe”, así mismo piensa el actor, lo que pasa es que los escritores aun no lo sabemos.

 

En mi humilde opinión, pienso que el actor no es un fin, es sólo un medio. El verdadero fin, es el público, y qué lindo sería que el actor entendiera a plenitud eso, ¿o será un pensamiento muy utópico?

 

Desde mi silla, las cosas se ven distintas. Para mí, esta profesión es terapéutica, curativa. El escritor tiene la fantástica oportunidad de la catarsis, de poder vaciar, literalmente, sus penas y desengaños en personajes, que por ficticios, son esclavos de nuestros deseos. ¿Quién más, día a día, tiene la oportunidad de desahogarse de ese modo, sin hipotecar la casa en psiquiatras o amargarle la vida a su pareja?… Una vez más, ¿por qué el actor no puede hacer lo mismo? Vestirse con el personaje, usarlo con respeto y luego dejarlo para que otro, al igual que él, se sirva de sus propiedades terapéuticas. Sí, ya sé, estoy siendo utópico.

 

Esta es una profesión VIP, (Very Important Profession) porque el simple hecho de ver nuestros sueños convertidos realidad, a través de esos personajes, ya es ganancia. A través de ellos podemos corregir nuestros errores, decir lo que nuestra boca no pronuncia, reírnos de lo que avergüenza al tipo del espejo, llorar sin que nos juzguen o critiquen, vestirnos siempre bien, levantarnos peinados y maquillados, tener el don de la ubicuidad, ser extremadamente pobres y felices, o extremadamente ricos y amargados, sobrevivir a la muerte, curarnos de enfermedades incurables… ¡Podemos hacer lo que nos de la gana!, porque el papel lo aguanta todo, y desde que inventaron el editor de Microsoft Word, ese poder es más arrecho que la varita de Harry Potter. Y si a todo eso, le sumamos el detalle de que estamos entreteniendo y al público, qué digo ganancia, estamos obligados a seguir haciéndolo para agradecerles la venia que han tenido con nosotros al permitirnos entrar en sus hogares. ¿Por qué los actores no pueden pensar lo mismo?, ¿Por qué no pueden deberse a su público, que al final de cuentas son quienes los aplauden, y en algunos casos, hasta endiosan?. Aja, ya sé, “utópico”.

No quiero concluir este breve post sin aclarar que no todos los actores son así, hay quienes son peores, pero gracias a Dios, entre ambos rubros, suman pocos.

 

Entonces aquí les dejo, para que comenten si así lo quieren, escriban, debatan, opinen o se rían simplemente. Lo importante es que de ahora en adelante tengamos un espacio para hablar de lo que nos importa y amamos tanto, que es nuestra profesión.

Daniel González.

 

P.D.: Sí, ya sé… ya me lo dijeron… Utópico

Un hígado regionalista… por decir lo menos.

Jueves, 3 de Junio de 2010

Por Daniel González 

daniel.f.gonzalez@gmail.com

 

maracaiboHoy me puse a recordar cuando fui a Maracaibo, me vino a la mente porque a pleno medio día y a 706km de distancia, me dieron ganas de almorzar macarronada, nada más y nada menos, ligerito, pues. Y eso que soy más Caraqueño que los Pepitos de Plaza Venezuela. Obviamente terminé almorzando cualquier otra cosa, menos mi macarronada, pero a lo largo de la tarde seguía preguntándome, ¿por qué tengo ganas de comer tan distintivo plato de la otrora cocina tradicional Maracucha?

 

Sucede que en la vida de un Venezolano hay un antes y un después de ir a Maracaibo, o por lo menos eso pasó en mi caso. Llegué un sábado en la mañana y me recibe un primo que vive allá, no he terminado de montarme en el carro cuando ya me está llevando a desayunar papas rellenas y tequeños con salsa tártara. Yo pensé – ¿será que estoy brindando? – por aquello de que mi primo me estaba dando pasapalos de desayuno, pero no, allá es un desayuno típico de cualquier día, y menos mal que no llegué un domingo, porque si no, me hubiese tocado Mondongo por el pecho a las 6 de la mañana.

 

Maracaibo es una ciudad hermosa, tan calurosa como espléndida a la hora de servir comida, exagerada en el humor y abundante en cariño. Aburrirse, no es una opción.

 

Por ejemplo, la jornada laboral Maracucha, es de 4 días y medio, porque los viernes a las 4 de la tarde, ya todos tienen una generosa cantidad de cervezas entre pecho y espalda, pasa en todos los estratos, en todos los lugares, y si no es cerveza, puede ser cualquier bebida que sirva como excusa para empezar la fiesta, ¿por qué? Porque simplemente es viernes.

 

imagescaupk6e4Entrada la noche temprana, me llevan a comer “dizque” para hacer estómago y soportar la noche. Comienzo con un desgranado, y de plato fuerte, par de yoyos. No puedo creer que yo solo me haya comido todo eso, pero quiero más. Me dicen – ‘no comáis más, coñito, que no te va a quedar espacio pa’ la madrugada’ – Me sorprendo y pelo por cuanto Eno, Alkaseltzer o Festal consiga mal parado, porque definitivamente no quiero perderme el snack nocturno.

 

Nos vamos y es entonces cuando veo por qué los Maracuchos tienen un hígado regionalista. La rumba no tuvo precedentes, una considerable cantidad de bebidas espirituosas variopintas desfiló por mis manos, una mejor que la otra… y no es que yo jamás haya probado el ron, el whisky, la cerveza o el tequila, o todos juntos al mismo tiempo, sino que allá sabía distinto, era otra cosa, había un orden. Primero la cerveza, unas cuantas para refrescar, luego el ron, para bajar la cerveza y no embuchar, luego el whisky para entrar en ambiente y campanear, y de último el tequila para un segundo aire y despertar.

 

No me sorprendió que la rumba acabara temprano (3am), obvio, el chiste es salir y aterrizar en la amplísima variedad de opciones gastronómicas callejeras de Maracaibo. Me dan un rápido briefing del menú que va desde un Sombrero, pasando por los yoyos, patacones, desgranados y tequeños, hasta un tumbarrancho. No he terminado de oír las opciones cuando digo, eso es lo que quiero, un tumbarrancho… y mi opción no pudo haber sido mejor.

 

¿Ustedes creen que el gran tesoro o talento de Maracaibo radica en extraer y procesar miles de derivados del petróleo?… Pues no. El verdadero secreto Maracucho radica en freír las cosas, ¡y no solo en freírlas!, sino refreírlas, el arte de freír lo frito. Si hay algo sobre la faz de la tierra que ustedes crean que puede saber bien si es frito, créanme, ya los maracuchos lo inventaron y lo están comiendo hace años. Ellos dedican horas y días enteros en llevar al límite las propiedades de la fritura, su reto más grande es descubrir cuantas veces se puede refreír algo mientras en cada fritura se le va a agregando algo. No sé cómo lo hacen, lo único que sé es que sabe bien… tapa arterias, pero sabe bien.

 

Un día desayuno distinto. Me llevan a comer mandocas, ¡qué vaina tan buena! y de ñapa, cepillados para el calor. La combinación es simplemente mágica, lo dulce de la mandoca con lo salado del queso, y luego la fruta hecha hielo. Les digo, esos cepillados no tienen padrote, no hay calor que pueda con ellos.

 

Ya mi viaje va acabando, es mi último día en Maracaibo, y justamente cuando pienso que ya no hay nada más que pueda probar o que me sorprenda, me llevan a comer mi tan querida y anhelada Macarronada. ¡Puf! Explotan los sentidos, hay que guapear para comerse un plato de eso, se los digo, pero qué bueno es. Y no sólo el plato en sí y su combinación ecléctica de sabores, sino la reunión que viene por añadidura. La mesa llena de gente, la conversa, el compartir, el repetir, la risa, y la sobremesa más larga que he hecho en mi vida. ¡Claro! Después de semejante comilona, quién va a querer pararse rápido.

 

Me voy y sé que me faltó mucho que probar… pero lo bueno es que Maracaibo no se ha movido, sigue estando a 706km de distancia y esta vez voy a comprar el Festal en Makro.

 

GLOSARIO:

 

  • Macarronada: Plato que lleva una capa de macarrones, con una capa de papas rebanadas, jamón o chuleta, salsa, aceitunas, alcaparras, pasitas, el impelable queso de año, huevo batido para compactar y diablito.
  • Pepitos: Suerte de sándwich deli criollo. Un pan canilla relleno de parrilla de carne y abundante queso amarillo en su concepción más básica. Sus variaciones van desde Pepitos de pollo, chuleta, chorizo o todas las anteriores juntas, en cuyo caso, es uno mixto, y rellenos con queso, papitas, tocineta, huevo, repollo, aguacate, tomate, cebolla y un arco iris de salsas.
  • Papas rellenas: Bollos hechos de puré de papa, rellenos de carne molida, pollo o pernil, pasados por huevo y harina, y obviamente, fritos.
  • Tequeños: Lumpia criolla. Es una tira de masa de harina de trigo que envuelve un dedo de queso y luego se fríe. Es el rey de las fiestas y en Maracaibo, su reinado se extiende hasta el desayuno.
  • Brindar – Brindando: Término que se usa cuando una persona le habla a otra con aliento de resaca. En los peores casos, se puede adivinar hasta el tipo de bebida consumida por el borracho en cuestión la noche anterior.
  • Mondongo: Sopa espesa hecha con panza de res troceada y verduras y vegetales variopinta. Lo demás es comerse un plato y acostarse a dormir.
  • Desgranado: Tinita de maíz dulce desgranado y cocido a la que se le agrega nata y queso de año básicamente y se come como una crema. Pero también acepta cualquier tipo de queso de su preferencia.
  • Yoyos: Plátano maduro relleno con queso, pasado por huevo y harina para luego freírlo. Si se pica en trozos después de frito, es el propio roll criollo temporizado, pero en su versión más criollísima.
  • Campanear: Acción Venezolanísima de mover el trago mientras se bebe. Por lo general va acompañado del dedo como removedor.
  • Sombrero: Mega hamburguesa hecha con dos panes árabes extendidos a modo de tapas, y en el centro, carne, pollo, chuleta, chorizo, huevo, aguacate, tomate, cebolla, papitas, repollo, queso y nata. Luego se pica en cuatro, y cada ¼ equivale a una hamburguesa normal.
  • Patacones: Plátano verde frito a modo de tostón y coronado con carne mechada y queso de mano. Hay otras variaciones que incluyen pernil, nata, salsas o plátano maduro en vez de verde. Otra variación puede ser que en vez de una sola torta de plátano donde reposen los ingredientes, se le agrega otra torta a modo de tapa y se obtiene un sándwich de patacon.
  • Tumbarrancho: Arepa asada rellena de mortadela, luego rebosada en mezcla de harina, huevo y onoto para luego freír. Una vez frita, se rellena con queso, pernil, vegetales y salsa rosada. Ojo, no se escatima en la salsa rosada.
  • Mandocas: Aros hechos de harina de maíz, plátano, papelón y queso. Obviamente fritos y coronados con una buena porción queso.
  • Cepillados: Granizado de jugos de frutas. Los mejores son los de tamarindo, parchita, guanábana, patilla, naranja o mango. De ahí para arriba, la imaginación no tiene límites.