El actor no es el fin

Por Daniel González

daniel.f.gonzalez@gmail.com

 

He podido comprobar con el pasar del tiempo, que el actor cree fehacientemente, y con la convicción de un niño de diez años, que él es un fin. Que desde que el escritor pare la idea original de la novela, está destinada y preconcebida para él, como esa niña que nos gustaba en el colegio y uno decía “ella es novia mía, lo que pasa es que todavía no lo sabe”, así mismo piensa el actor, lo que pasa es que los escritores aun no lo sabemos.

 

En mi humilde opinión, pienso que el actor no es un fin, es sólo un medio. El verdadero fin, es el público, y qué lindo sería que el actor entendiera a plenitud eso, ¿o será un pensamiento muy utópico?

 

Desde mi silla, las cosas se ven distintas. Para mí, esta profesión es terapéutica, curativa. El escritor tiene la fantástica oportunidad de la catarsis, de poder vaciar, literalmente, sus penas y desengaños en personajes, que por ficticios, son esclavos de nuestros deseos. ¿Quién más, día a día, tiene la oportunidad de desahogarse de ese modo, sin hipotecar la casa en psiquiatras o amargarle la vida a su pareja?… Una vez más, ¿por qué el actor no puede hacer lo mismo? Vestirse con el personaje, usarlo con respeto y luego dejarlo para que otro, al igual que él, se sirva de sus propiedades terapéuticas. Sí, ya sé, estoy siendo utópico.

 

Esta es una profesión VIP, (Very Important Profession) porque el simple hecho de ver nuestros sueños convertidos realidad, a través de esos personajes, ya es ganancia. A través de ellos podemos corregir nuestros errores, decir lo que nuestra boca no pronuncia, reírnos de lo que avergüenza al tipo del espejo, llorar sin que nos juzguen o critiquen, vestirnos siempre bien, levantarnos peinados y maquillados, tener el don de la ubicuidad, ser extremadamente pobres y felices, o extremadamente ricos y amargados, sobrevivir a la muerte, curarnos de enfermedades incurables… ¡Podemos hacer lo que nos de la gana!, porque el papel lo aguanta todo, y desde que inventaron el editor de Microsoft Word, ese poder es más arrecho que la varita de Harry Potter. Y si a todo eso, le sumamos el detalle de que estamos entreteniendo y al público, qué digo ganancia, estamos obligados a seguir haciéndolo para agradecerles la venia que han tenido con nosotros al permitirnos entrar en sus hogares. ¿Por qué los actores no pueden pensar lo mismo?, ¿Por qué no pueden deberse a su público, que al final de cuentas son quienes los aplauden, y en algunos casos, hasta endiosan?. Aja, ya sé, “utópico”.

No quiero concluir este breve post sin aclarar que no todos los actores son así, hay quienes son peores, pero gracias a Dios, entre ambos rubros, suman pocos.

 

Entonces aquí les dejo, para que comenten si así lo quieren, escriban, debatan, opinen o se rían simplemente. Lo importante es que de ahora en adelante tengamos un espacio para hablar de lo que nos importa y amamos tanto, que es nuestra profesión.

Daniel González.

 

P.D.: Sí, ya sé… ya me lo dijeron… Utópico

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